News, El pasado martes, cinco amigos, cuatro hembras y un varón, decidieron reunirse y celebrar sus triunfos laborales. La festividad inició al caer la tarde, pero pasadas las 8:00 de la noche, una de las chicas propuso visitar el restaurante Meats and More, lugar que ya había sido elegido por dos delincuentes para cometer un múltiple asalto.
La mercadóloga Katiuska Acosta contó que después de estar en el primer lugar donde iniciaron su celebración, su prima Paola Toribio sugirió visitar el citado restaurante, ubicado en la avenida Enriquillo, a una esquina de la residencia del presidente Danilo Medina, al que en otras ocasiones habían planificado ir, pero siempre se presentaba un inconveniente.
Cuando llegaron al establecimiento, a las 9:30 de la noche, le entregaron la llave al valet parking (persona que estaciona autos) y cuando entran al lugar, Paola recomienda sentarse al fondo, justo al lado del baño.  “Todo estaba muy bien. Dieron un muy buen servicio, muy buena comida, realmente todo muy chévere”, expresó.
Todavía en shock, Acosta narra que a las 11:15 de la noche el valet parking se acerca a la mesa y le dice muy nervioso a una de sus amigas: “Señora, tenga la llave, me tengo que ir”.
Ella dice que se encontró muy raro que un valet parking llegara hasta donde un cliente a las 11:15 de la noche, faltando todavía 45 minutos para cerrar el establecimiento.
Indica que a las 11:35 ya habían terminado de comer y pagado sus cuentas. Acosta entró al baño y al salir se acerca uno de los delincuentes y le hala el celular a una de sus amigas.
“Ese delincuente tenía una ropa muy similar a la de los meseros. Cuando hala el celular, mi amiga le pregunta ¿qué le pasa?, y cuando lo mira fijo a la cara y luego baja la vista a las manos, se da cuenta que el joven tenía una pistola”, recuerda Acosta.
En el establecimiento no había muchas personas. El delincuente les dice que echen todo dentro de una cartera que ya le había quitado a otra cliente, mientras que su compañero de atraco obligaba a la cajera del restaurante a darle el dinero. En ese momento, una clienta logra pararse de la mesa  gritando, y el hombre se pone nervioso y se va corriendo.
Hasta ese momento, el delincuente solo había logrado quitarles celulares a Katiuska y a otra de sus amigas, mientras que el que estaba con la cajera huyó con unos RD$60,000, aunque el establecimiento no ha ofrecido declaraciones.
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DESPUÉS DEL ASALTO AL RESTAURANTE
Se encerraron: 
Durante el asalto, no apareció ningún empleado del restaurante. Nerviosos, Katiuska y sus amigas se encerraron en el baño durante varios minutos. Cuando salieron ya todos los empleados y demás clientes afectados estaban fuera del establecimiento, y media hora después llegó la Policía.
“La Policía llegó con una mala actitud y con una mascotica. Le preguntaban a todos los presentes qué le habían robado y lo anotaban”, dice Katiuska.
Aseguró que el lugar no tenía seguridad y que cuando llegaron los dueños del negocio, dijeron que las cámaras estaban desconectadas.
Dice que en ese momento lo único que pensó era que su vida estaba en manos de ese delincuente.
“Yo sentí que mi vida dependía de ese delincuente. Yo entregué todo lo que me dijeron y no se lo llevó todo por la señora que gritó. Yo y todos estábamos dispuestos a entregar todo”, dice.
Reveló que había pensado que la podían asaltar saliendo de su trabajo, pero nunca dentro de un restaurante y menos tan cerca de la casa del presidente del país.
“La seguridad se les fue de las manos al gobierno, estamos totalmente inseguros, la situación actual es totalmente a la defensiva. Ya no estamos viviendo, es sobreviviendo”, consideró Katiuska.
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